La Picantería

La Picantería

En el Norte, las picanterías eran distinguidas por una bandera blanca sujetada en la puerta, mientras que en las calles cusqueñas colocaban un palo con una bolsa roja.

Las Picanterías tuvieron su inicio aproximadamente en el siglo XVI, fueron pequeños negocios familiares y muy modestos, donde la vivienda familiar era adecuada para la atención en la Picantería, algunas veces el espacio era en la cocina, otras en el patio y algunas en el comedor y siempre iban decoradas de imágenes religiosas, calendarios, etc., donde ofrecían platos tradicionales picantes, guisos bien condimentados que eran acompañados con la chica de jora.

Antiguamente, los chasquis tomaban chicha en los Tambos y según el investigador Miguel Angel Hernandez, estos Tambos eran construidos en la época prehispánica como una red de intercambio cultural.

“Los tambos pudieron ser el origen de estos conocimientos relacionados a la comida para un viajero [...] Serían esos los lugares primigenios de las llamadas chicherías. Después, con el proceso de formalización y cuando las ciudades crecen, ya no solo vendían bebidas sino comida, pues se reguló”, señala Hernández en referencia a que el Virrey Toledo en 1575 ordenó en Arequipa que toda chichería debía de contar con u horno para que la chicha no sea consumida en ayunas.

Las Picanterías fueron declaradas como Patrimonio Cultural de la Nación, no solo por la riqueza culinaria que posee, sino por mantener viva las manifestaciones culturales, “Desde las picanterías se promovieron nuevas manifestaciones culturales. En el caso del Cusco está la corriente indigenista del siglo XX”, añadió Hernández.

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